Aunque Valencia parece una ciudad de mar, sería más correcto pensarla entre el mar y la huerta, como una capital cuyo centro histórico se encuentra más bien al interior.
El antiguo cauce del Río Turia, que hoy es un verdadero parque lineal, divide en dos partes la ciudad: Valencia es una ciudad de muchos puentes, que cruzan un río sin agua, pero lleno de verde. Lo mejor en los días soleados es aprovechar dando un paseo por este parque.
Si es que vais de viaje con los niños, pues se quedarán encantados con el Gulliver. Este enorme estatua-juego, que se encuentra a la altura del Palau de la Música, tiene mucho éxito entre los pequeños ciudadanos de Lilliput, que se lo pasan bomba entrando y saliendo del "gigante".
Si vuestro deseo es descubrir la historia de Valencia, mejor empezar por la Catedral, con su grande cúpula de baldosas azules y la torre octagonal de el Miguelete, parecida a otras plantas de campanarios catalanes. Las trés fachadas, románica, gótica y barroca, se asoman a las respectivas entradas y plazas. Incluso es en esta zona donde surgen las ruinas de epoca romana, hoy enmarcadas por una moderna instalación de agua y cristal.
Otro magnifico ejemplo de estilo gótico es la Lonja, edificio del sigo XV, que luce sus particulares columnas helicoidales. Es un grande espacio vacío, un open-space se diría hoy, que hace sentir pequeños frente a tanta altura, y una estructura que hace callar hasta los grupos más numerosos, casi como si fuera una iglesia.
Frente al silencio de la Lonja, justo pocos metros más allá, surge el Mercat Central, colorado, ruidoso y sabroso. Los sabados por las mañanas, pero también los demás días, dentro del mercado se encuentra toda la ciudad, comprando los productos más sanos de la huerta y el pescado más fresco. La compra en el Mercat es una autentica ceremonia, incluso una ocasión para encontrar a los vecinos, y, para los que visitan la ciudad, saborear un alegre momento de vida ciudadana, sin guías.
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